@Shaim82 Yo estoy imaginando un resbalón de los tres y un mal golpe en la nuca con el borde, seguido de media hora de inmersión antes de que los rescaten.
Notices by Hispa ♻️ (hispa@qoto.org), page 9
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Tuesday, 24-Aug-2021 12:17:12 UTC
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Tuesday, 24-Aug-2021 12:14:51 UTC
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-Ea, Fernando: ahora también tengo un máster en gestión de recursos hídricos. Gracias, majo.
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Sunday, 22-Aug-2021 19:49:46 UTC
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@Nigridal @killmeplease @Shaim82 Hace rato que se os ha ido, que lo sepáis.
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Sunday, 22-Aug-2021 18:05:57 UTC
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@killmeplease @Shaim82 Abascal se la daría a cambio de elegir él a los 26 millones de españoles que quitar de en medio.
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Sunday, 22-Aug-2021 17:47:16 UTC
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En Vengadores Civil War, Tony Stark llama a Bucky Barnes "Eh, mensajero del miedo".
Buena referencia, y bien traída.
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Sunday, 04-Jan-2009 09:13:54 UTC
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Como no puedo navegar porque los poderosos me han cortado el acceso a mis páginas favoritas, tendré que entretenerme con algo como, yo qué sé, PIRATEAR A SACO TODO EL TIEMPO.
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Sunday, 04-Jan-2009 09:13:54 UTC
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Hay quien se queja de que emule es lento, pero yo estoy bajando archivos a más de 22Mbps.
No te pido que me lo mejores, y tal.
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Hispa ♻️ (hispa@qoto.org)'s status on Thursday, 01-Jan-2009 18:04:33 UTC
Hispa ♻️
Tarde o temprano tenía que suceder. El 30 de junio de 1908 Moscú escapó a la destrucción por tres horas y cuatro mil kilómetros, un margen sustancialmente pequeño para las normas del universo. El 12 de febrero de 1947 otra ciudad rusa se salvó por un margen aún más estrecho, cuando el segundo gran meteorito del siglo XX estalló a menos de cuatrocientos kilómetros de Vladivostok y provocó una explosión que rivalizaba en potencia con la bomba de uranio recientemente inventada.
En aquellos días nada había que los hombres pudieran hacer para protegerse de las últimas descargas al azar del bombardeo cósmico que alguna vez había marcado la cara de la Luna. Los meteoritos de 1908 y 1947 se abatieron sobre regiones desiertas; pero hacia finales del siglo xxi no quedaba región alguna en la Tierra que pudiera ser utilizada sin peligro para la práctica celeste de tiro al blanco. La raza humana se había extendido de polo a polo. Y así, inevitablemente…
A las 9.46 (meridiano de Greenwich) de la mañana del 11 de septiembre, en el verano excepcionalmente hermoso del año 2077, la mayor parte de los habitantes de Europa vieron aparecer en el cielo oriental una deslumbrante bola ígnea. En cuestión de segundos se tornó más brillante que el Sol y al desplazarse en el cielo —al principio en completo silencio— iba dejando detrás una ondulante columna de polvo y humo.
En algún punto sobre Austria comenzó a desintegrarse produciendo una serie de explosiones, tan violentas que más de un millón de personas quedaron con los oídos dañados para siempre. Estas fueron las afortunadas.
A una velocidad de cincuenta kilómetros por segundo, miles de toneladas de roca y metal cayeron sobre las llanuras del norte de Italia y en cuestión de segundos destruyeron con una llamarada la labor de siglos. Las ciudades de Padua y Verona fueron barridas de la faz de la tierra; y los últimos esplendores de Venecia se hundieron para siempre en el mar cuando las aguas del Adriático avanzaron atronadoras hacia tierra después de aquel golpe fulminante venido del espacio.
Seiscientas mil personas murieron, y el daño material se calculó en más de un billón de dólares. Pero la pérdida que significó para el arte, la historia, la ciencia —para el género humano, en general, por el resto de los tiempos— iba más allá de todo cálculo. Era como si en un solo día hubiese estallado y se hubiese perdido una gran guerra, y muy pocos pudieron disfrutar de lo que el mundo entero presenció durante meses, mientras el polvo de la destrucción se depositaba: los más espléndidos amaneceres y ocasos que se recordaban desde el Krakatoa.
Arthur C. Clarke.
Cita con Rama