Primero decían que no había cambio climático, que los inviernos eran más fríos, que mi abuelita decía que cuando era niña hacía calor en Chicago.
Cuando ese discurso no se sostuvo más, cambiaron a que no era antropogénico, que el clima siempre había cambiado en la tierra, que esto era normal.
Y ahora que ya esa mentira tampoco cuela, van con que el problema no es el CO2 sino el metano de las vacas. Quieren que el costo de las reducciones lo paguen los ganaderos, mientras ellos siguen quemando el planeta.