Comprás una casa. La pintás, la decorás, arreglás los baños, te esmerás para que todo esté reluciente, limpito, acogedor. Inaugurás un club para recibir a quienes se van de Twitter.
La mayoría de los nuevos huéspedes llegan, se maravillan y dan las gracias por el esfuerzo puesto.
Pero unos pocos, con espíritu altanero y actitud patotera, llegan, miran todo con sorna, escupen en el zaguán, entran, empiezan a criticar por criticar nomás y, lo peor de todo, no se preocupan en lo más mínimo por integrarse a quienes estamos acá desde hace años y ayudamos de una forma u otra a mantener el lugar limpio y acogedor.
¿Es injusto agarrar a esos forros y meterles una tremenda patada en el culo que los haga salir volando por la puerta por la que entraron?