“La inteligencia artificial generativa no ha creado un problema nuevo en la educación. Ha hecho que uno muy antiguo sea imposible de ignorar. Cuando un estudiante puede producir un trabajo elaborado en minutos introduciendo unas instrucciones en ChatGPT, la pregunta ya no es si nuestras tareas miden el aprendizaje, es por qué fingimos durante tanto tiempo que lo hacian. [...] Ante esto, la respuesta correcta es el rediseño. Más escritura hecha en clase. Más defensa oral de argumentos: una conversacion de diez minutos revela si un estudiante entiende una afirmación o simplemente la ha producido. Más seminarios organizados en torno a preguntas vivas. Cuando los estudiantes usen IA, exigir transparencia: que expliquen qué pidieron, qué produjo el sistema, qué conservaron y qué descartaron. El objetivo no es la vigilancia. Es la responsabilidad intelectual” SANTIAGO SCHNELL EL PAIS
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