Aún recuerdo el placer de salir un domingo por la mañana a la calle, comprar El País y leerlo con parsimonia sentado en la cafetería delante de mi desayuno mientras me fumaba un Ducados.
Ahora ya no quedan domingos como los de antes, El País no vale nada y me quité hace décadas de los Ducados.
Bueno, al menos sigue habiendo cafeterías.