Cuenta la leyenda que cuando llegó el rey Jaime I a las puertas de Valencia para conquistar el Reino, en el año 1238, le salió al paso una labradora musulmana que le ofreció un jarro de líquida leche de chufas, bebida que aún no tendría ni nombre. El monarca, entusiasmado con el sabor de aquella bebida que para él era completa novedad, exclamó:
«Açó és or, chata»