Qué caprichosas las señoras. No es bueno que pasan dos, recién salidas del pensionista, de la gimnasia para mayores, conversando, y una mira la fachada de mi casa y dice: Esto sale por cualquier lado. Cuchi. Se acerca y hace el gesto de arrancar algo suave con las manos. <<Esto es traicionero. Hay que arrancarlo. Y todavía quedará raíz. Se mete por cualquier rendija y vuelve a brotar.>> Mentalmente le agradecí el ahorrarme sacar la mala hierba parietal. Siguen caminando y miran a mi portal. La misma señora del gesto bondadoso habla: Mira estas macetas. Lustre ninguno, no me digas tú. Esto no hay avemaría que lo arregle. Hay que ver la gente la poca gracia que tiene para las plantas...
Me siento como si hubiese practicado BDSM, habiendo transitado en el mismo momento placer y dolor.
A raíz de una charla vía una aplicación de mensajería me quedé con un detalle dando vueltas en el bolo. Si nos preguntasen diríamos que las palabras son suficientes, al menos habiendo sintonía entre emisores y receptores. Entonces, con esto sobre la mesa, choca lo normalizado que está acompañar palabras y textos con multimedia: en mi caso me dijeron dónde se hallaban y adjuntaron una captura del mapa de la zona con la ubicación indicada. ¡Yo ya me creí las palabras! ¿Por qué subrayarlas con el mapa? Pueden tener relevancia para evitar malas interpretaciones evidenciando el tono sensitivo con que se emiten las oraciones, pero está tan arraigado su uso constante que este, repito, parece incoherente por redundante. ¿Es inseguridad? ¿Damos por hecho que leemos/escribimos mal? ¿Necesitamos dinamismo para mantener la concentración? Vueltas a la azotea.
Cumplí con las obligaciones previstas hasta dejar sin espacio al esparcimiento. Supongo que esto me convierte en una persona formal y confiable para la sociedad; la parte de la insatisfacción personal, de que faltó algo, de que debe haber algo más, es irrelevante.
Las redes sociales nos han inyectado por tantas vías -nunca mejor dicho- la multitarea y el ocio infinito siempre a mano, que hemos terminado deshumanizando a la gente detrás de ello y llevándonos decepciones gratuitas a la vez.
Pienso en las relaciones con gente de la internet. Si la seguimos porque suele plantear dilemas, exponer anécdotas, formular preguntas, hacer chascarrillos, compartir recetas o relatos, trucos para reparar la bici o la cajonera, y tiene un día -o una semana o una racha- con el mood para otro lado, con frecuencia entendemos que ya no mola (aka no nos sirve), y comenzamos a leerla con distancia y a minimizar las interacciones, si es que no la dejamos de seguir ipso facto como si nada, con un gesto, porque que sea un toque importa, favorece el arrebato. Esto también vale si actualiza menos su perfil o descansa de él una temporada.
Es imposible ser brillante y gastar extroversión asertiva 24/7 por distintos motivos que yo resumiría en nuestra finitud, en sentido amplio. Y eso les pedimos. La vida tiene valles y pendientes, mesetas y acantilados; y las redes deberían entenderse como una extensión de la vida, no como un aparte o una disociación. Esa continuidad y disposición para usted y para mí que tendemos a dar por garantizada de los perfiles de la gente (no perfiles a secas, son de criaturas, hay humanidad ahí) no tiene sustancia, por lo que nuestro chasco posterior carece de base. Las personas tras esos perfiles no son mis/sus bufones, juglares o profes.
Hacemos una inmersión desaforada en la ficción de las pantallas pretendiendo de personas lo que apenas se puede exigir a bots o IAs y además marcándoles una cadencia artificial, cuando el tiempo de la vida va por otro lado, está alrededor de esas pulgadas rectangulares brillantes y mentirosas con scroll infinito. Esa es la verdadera decepción, recordar que la vida se impone y, mayormente, está fuera y no se parchea con follows y unfollows.
Ver para creer. Pasó una chica joven alrededor de mi casa llevando suelto a un gato blanco monísimo que, más menos, la seguía. Ella no se alejaba mucho y le decía cosas, y el gato se detenía a mirar todo y oler macetas y portales, como corresponde a los animales curiosos, pero sin perder de vista a la muchacha. Digno de presenciar.
Cuando alguien me lanza indirectas soy como la persona de detrás que, obviamente, se está preguntando por qué el otro está haciendo la postura de yoga del gorrocóptero inverso justo en este momento y lugar. https://www.tumblr.com/reallyrealistiarea/773918515158728704
La trayectoria de hoy estuvo marcada por la música. Esas canciones que me obligó a escuchar por más de media docena de horas la gente que estaba en el bar de la calle de al lado y que yo nunca hubiese escogido. Convivir, convivir, convivir. Después, por las galletas.
El recientemente pasado año fue esquivo para la noble práctica de la repostería, supongo que se acomodó al caudal de mi energía vital. Soy de tradiciones y esto fundió hoy, de nuevo, mi sendero con la vereda de los postres caseros.
Para el día de Reyes, aunque no solo en esta fecha, tengo costumbre de hornear unas galletas de jengibre, un dulce de esos que pueden considerarse una apuesta segura. Regresé a lo conocido con baja resistencia.
Apenas miré la receta más que para las sacrosantas medidas, un eco de la memoria me dijo los pasos. Eso sí, la espera, andar recogiendo, fregando, el rato en pie, los noté físicamente por del desentrenamiento.
Pero hay que estar a lo que hay que estar, hay que simultanear tareas y controlar el reloj. La magia rara vez se hace sola, eso son los milagros. Así, acabas descubriendo que cuando haces galletas el transcurrir del tiempo se contrae, el secreto de la vida eterna lo debe guardar el horno. Huele tan rico que nunca podemos esperar suficiente para desvelarlo.
Vaya, me he agachado a medio camino entre flexionar completas las piernas y mantenerlas estiradas (inclinando más espalda y brazos) para recoger un cojín del suelo y se ha creado un agujero en la parte trasera de mi pantalón de pijama grueso. Papá Noel me ha regalado un suspensorio invernal sin necesidad de pedirlo. Así de bien me porté durante el año.
Doñe dramas, chica in y Master del universo.Estrella, mamarracha y obrera del pop. Uso todos los pronombres y rezo a Britney y Chelo García-Cortés.<<La vida se hace bola. Internet mola. La bajona no perdona.>>Apuñalo la realidad: performo para difundir cultura popular, sucesos y saberes humildes de hoy y siempre, el pop (#popazo #mymadbaddiary y #briconsejo): joterías bobas.Uso señora como palabra unisex antónimo de señoro, una poquita bubbly y sultry.¡Mamoneo, cachondeo y mariconeo!